En las empresas, así como en la vida misma, la historia no deja de repetirse. Se crean estrategias y se busca productividad, pero por lo general se omite algo fundamental que determina el potencial de ambas.
En el campo corporativo se convoca a reuniones en las que se enfatiza no solo la definición de metas sino también la estrategia, porque al final de cuentas, no importa cuál sea la métrica de productividad que se utilice, nunca es suficiente.
“Los buenos líderes ven más de lo que ven otros, y lo ven antes que los demás.” -John Maxwell
Podemos decir que la frase anterior, la cual le escuché decir a mi primer mentor -John C. Maxwell-, es muy cierta, pero yo diría que incompleta. No basta con ver más y más rápido; ese nivel de claridad y agilidad se queda rezagado si dejamos por fuera el elemento clave al que me refiero en este artículo… la mentalidad.
Si considerásemos la estrategia y la productividad como las paredes de una gran edificación que deseamos levantar, la mentalidad equivale a los cimientos que determinan qué tan alto podría ser el edificio o qué tan rápido podría desplomarse ante el primer sismo que lo sacuda.
Siempre les he dicho a mis clientes lo siguiente:
“No importa si tienes la mejor estrategia del mundo. Si la mentalidad no está a la altura, la estrategia no sirve de mucho.“
Claro está que no estoy diciendo que la estrategia y la productividad no sean importantes; por supuesto que lo son. Sin embargo, la mentalidad tiende por defecto a dejarse de lado, cuando en realidad debería ser una de las primeras inversiones a realizar, en el plano personal y con mucha más razón a nivel corporativo.
Hablemos de mentalidad
Comencemos por una definición de “mindset” o mentalidad según la Dra. Carol S. Dweck -psicóloga de la Universidad de Stanford y autora del libro Mindset: The New Psychology of Success-:
“Mindset es el conjunto de creencias que tienes sobre tu propia inteligencia, talentos y habilidades, y que determina cómo interpretas y enfrentas la vida.”
Si analizamos la definición, podemos encontrar el peligro que existe al enfocarnos en hablar de productividad y estrategia sin considerar la mentalidad con la que se está operando.
Cada individuo opera su vida con una mentalidad totalmente diferente, porque esta fue definida o “programada” de forma diferente y en contextos de vida diferentes. Así las cosas, ante una decisión, una propuesta o un requisito, cada quien lo mira según las creencias que tiene programadas en su mente, mismas que -como dice la autora- determinan cómo interpretan la vida.
Esto quiere decir, por ejemplo, que ante una decisión estratégica cada individuo tiene una interpretación diferente, que va de acuerdo con su mentalidad.
Si en un equipo de trabajo no se hace lo propio para estandarizar la mentalidad, es de esperarse que antes de terminar de salir de la reunión estratégica ya tengamos un conflicto de opiniones que termina minando el compromiso colectivo.
Los tipos de mentalidad
Como si lo anterior no fuera poco, de acuerdo con la Dra. Dweck existen dos tipos de mentalidad, llamados por ella “mentalidad fija” y “mentalidad de crecimiento” (fixed mindset y growth mindset).
1. Mentalidad fija
Consiste en la creencia de que tus cualidades básicas son inamovibles. Básicamente son las personas que creen que la inteligencia es innata e inmutable.
Piensan: “Soy o no soy inteligente”, “no sirvo para esto”.
En otras palabras, viven absolutamente limitadas por sus creencias y no contemplan la posibilidad de expansión, crecimiento, mejora y cambio.
2. Mentalidad de crecimiento
Aquí hablamos de la creencia opuesta. Son aquellas personas que creen que sus habilidades pueden mejorar gracias al entrenamiento y el esfuerzo. Están dispuestas a aceptar errores y trabajan en corregirlos. Comprenden que su potencial es infinito y encuentran en los retos, cambios y solicitudes oportunidades para ir por más, aunque eso implique fallar y/o aprender.
Imagina entonces el siguiente escenario:
Tienes un equipo de 20 líderes a cargo de 200 colaboradores en la empresa y deseas crear nuevos objetivos para el próximo año y una estrategia ganadora que los lleve a alcanzarlos.
Convocas a tu equipo de líderes a una actividad de planeamiento estratégico en un hotel en la montaña. Cuidas con esmero cada detalle para que se sientan consentidos y estén enfocados en la gran tarea de crear la estrategia ganadora.
Cada líder recibe la invitación en su correo y ¡PUM! Comienza la batalla de criterios… algunos se emocionan de saber que van a retirarse y trabajar en conjunto para crear mejores resultados; otros se molestan y reclaman diciendo o pensando: “como si no tuviera nada que hacer y ahora tuviera que desconectarme de todo para ir a otra reunión que no sirve más que para comer rico” (esto no me lo he inventado, te aseguro que lo he escuchado cualquier cantidad de veces).
Adelantemos la película…
Pasó el día, comieron rico, disfrutaron un rato en el hotel de montaña y lograron salir con una serie de objetivos para el próximo año y un borrador escueto de la estrategia para llegar allá. Cada uno escuchó sobre las nuevas demandas de productividad y la importancia de ser más estratégicos para cumplir los nuevos KPIs.
Pregunto:
¿Cuántos de los 20 líderes pertenecerán al grupo de la mentalidad de crecimiento y cuántos al bando de “aquí nunca cambia nada”?
Y una pregunta aún más importante: ¿cómo hacemos para que el equipo funcione como un reloj suizo?
La respuesta a la segunda pregunta la logramos con el eslabón olvidado… Antes de hablar de estrategia y productividad, es preciso reforzar la mentalidad DEL EQUIPO.
Es cierto, cada individuo llega con su propia mentalidad; sin embargo, es totalmente posible crear una mentalidad de equipo. Para ello, es preciso trabajar en eso primero.
Quizá ya te estés preguntando: ¿cómo lo hago? Pero estoy seguro de que comprenderás que este artículo no es precisamente el espacio para dar una respuesta adecuada. No porque no sea válida, sino porque la respuesta depende de la realidad actual del equipo y de cuánto conoces realmente a sus integrantes.
Yo sé que en la actualidad es apremiante hablar de resultados; de hecho siempre ha sido así. Sin embargo, si quieres que la edificación tenga las bases suficientes para crecer exponencialmente a la velocidad que hoy se demanda, no bastan los conocimientos, los títulos y la experiencia que respalde a tu gente… es fundamental ayudarle a comprender cómo funciona la mente. Así, quienes tengan una mentalidad fija podrán comprender que eso es tan solo una creencia que se puede reemplazar, y quienes tienen una mentalidad de crecimiento comprenderán que no todos piensan ni operan igual que ellos.
Desde que conocí el coaching hace unos 15 años, cuando trabajaba como gerente en una empresa multinacional, comprendí que un “insight” o revelación puede cambiar el curso de una vida en un segundo. Imagina lo que pasaría en una empresa (o familia, pareja, equipo de fútbol, etc.) cuando los individuos comprenden las verdaderas razones de su comportamiento y el de sus compañeros.
Como dice una frase famosa:
“Nada cambia, YO cambio, todo cambia.”
Si me aceptas un consejo, no detengas tu discurso de productividad y estrategia, pero hazlo reforzándolo con lo necesario para elevar la mentalidad del equipo. No asumas que eso le toca a cada quien porque, para serte sincero, se necesita mucho más que una expectativa para lograr que las personas despierten a su propio potencial.
Antes de despedirme -por ahora-, te dejo una infografía tomada del libro de la Dra. Dweck en la cual se comparten algunos elementos interesantes de cada uno de los dos tipos de mentalidad.

PS. Si deseas explorar cómo podrías mejorar la mentalidad de tu equipo de trabajo, escríbeme y conversemos. Como diría mi coach, “might help, won’t hurt” (podría servirte y no te hará daño).
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